Pilates, amor propio y un poquito de sudor: mi viaje de transformación

amor propio

Hoy vengo a contarte una historia que seguramente te suena: la de la pereza y los buenos propósitos.

Como muchos sabéis, soy terapeuta  y me apasiona hablar sobre amor propio y bienestar emocional pero también soy una experta en el arte de procrastinar con un café en mano.

La historia va así: hace una semanas ,durante una de mis sesiones, mientras intentaba ayudar a mi paciente a encontrar su equilibrio, me di cuenta de que yo misma también lo necesitaba, yo trabajo y atiendo mucho mis emociones y mi mente,  pero tuve que reconocer que mi cuerpo me pedía a gritos un poco de atención…

Me miré al espejo y pensé: «Oye, está muy bien cuidar la mente y el corazón, pero este cuerpito también necesita amor”.

Así que como dicen que  el mejor maestro es el propio ejemplo, me lancé a incorporar un hábito en mi vida. Me apunté a clases de pilates reformer, confieso que al principio la  idea de ir a clase me daba tanta pereza que consideré seriamente fingir que mi sofá me tenía secuestrada. Al salir de la primera clase me sentí como un spaghetti torcido pero también me sentí increíblemente bien. 

En solo unos días empecé a notar que  me sentía como si hubiera escalado una montaña. No solo había desafiado a mi cuerpo, sino también a mi mente. La sensación de logro era inmensa y me hacía sentir más fuerte y capaz. Era como si hubiera desbloqueado una nueva versión de mí misma.Hoy no me pierdo una clase , no te engaño muchos días que tengo clase  pienso  que debería recibir una medalla solo por salir de casa con las zapatillas puestas, pero el compromiso es conmigo misma y pienso cumplirlo pase lo que pase. 

He creado un hábito

Los hábitos son como esos amigos fieles que, sin hacer mucho ruido, siempre están ahí para ayudarte a avanzar. A veces pensamos en los hábitos como grandes sacrificios o rutinas estrictas, pero en realidad, son esos pequeños gestos diarios los que, sin darnos cuenta, van transformando nuestra vida de manera profunda y duradera.

La clave está en entender que no necesitamos hacer cambios drásticos para ver resultados. De hecho, la magia está en lo contrario: en empezar pequeño, muy pequeño. Piensa en algo tan simple como tomar un vaso de agua al despertar. Es algo que toma segundos, pero con el tiempo, ese pequeño acto se convierte en una señal para tu cuerpo de que el día está comenzando de manera saludable. Es una semilla que plantamos, y que con el tiempo, se convierte en algo mucho más grande.

Lo interesante de los hábitos es que tienen este efecto dominó. Empiezas con uno pequeño, y sin darte cuenta, estás sumando otro y otro, hasta que de pronto, tu vida se ve transformada. Y lo mejor de todo es que no lo hiciste a base de grandes sacrificios, sino a través de esos pequeños pasos que, al sumarse, crean un cambio significativo.

Algo que a menudo pasamos por alto es que los hábitos no solo moldean lo que hacemos, sino también quiénes somos. Cuando empiezas a desarrollar un hábito, como meditar cinco minutos al día o leer antes de dormir, no solo estás mejorando en esa actividad, sino que también estás reforzando tu identidad. Te ves a ti mismo como una persona que medita, como alguien que se cuida, como un lector. Y esa identidad es lo que realmente impulsa el cambio.

La belleza de todo esto es que los hábitos no requieren de una perfección inalcanzable. Es humano fallar un día, olvidarse de algo o simplemente no tener ganas. Lo importante es que, al día siguiente, vuelvas a intentarlo. Cada vez que lo haces, estás construyendo una relación de confianza contigo mismo. Te demuestras que, aunque a veces te caes, siempre puedes levantarte.

Imagina ese hábito que quieres crear como esos abrazos cálidos que te das a ti mismo cada día, esos pequeños recordatorios de que te mereces lo mejor. No se trata de ser perfectos, sino de ser constantes y de disfrutar del viaje, con todos sus altibajos. Así que, empieza con algo pequeño y divertido, algo que te haga sonreír y que se sienta natural. Porque, al final, son esos pequeños pasos los que te llevan a grandes destinos.

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