Sonaba el despertador cada mañana, y comenzaba un nuevo día, la sensación era siempre la misma: ninguna emoción. Me levantaba de la cama como si estuviera en piloto automático, siguiendo una rutina que parecía no tener fin. A simple vista, todo en mi vida estaba en su lugar: tenía una hija preciosa y sana, un puesto de trabajo importante en una multinacional y una pareja. Parecía tenerlo todo, y sin embargo, dentro de mí, algo no encajaba.
A pesar de los logros y de cumplir con las expectativas externas, me encontraba atrapada en un estado constante de insatisfacción y caos interior. Era como si cada aspecto de mi vida estuviera desincronizado con lo que realmente sentía en mi corazón. Esa sensación de vacío me seguía a todas partes, no importaba cuántos éxitos lograra ni cuántas veces me dijeran que lo estaba haciendo bien. El descontento estaba ahí, silencioso pero constante.
Ese caos interno no tenía una causa aparente, pero me acompañaba día tras día, robándome la paz y llenando mi mente de preguntas que no sabía cómo responder. Algo faltaba, algo que nada podía llenar. La vida que había construido parecía perfecta desde afuera, pero dentro de mí, había un abismo que no lograba comprender. Y así, cada mañana, el despertador marcaba el inicio de otro día, en el que las emociones seguían ausentes y el piloto automático continuaba dirigiendo mi vida.
Sin darme cuenta, una idea comenzó a tomar fuerza dentro de mí: tenía que haber otra manera de vivir. Esa frase, que al principio apenas susurraba en mi mente, fue creciendo, haciéndose más insistente, más difícil de ignorar. Fue entonces cuando, casi por casualidad, llegué a un taller de inteligencia emocional. ¿Y si el problema era que no sabía identificar mis emociones?
Ese taller marcó el comienzo de mi viaje interior. Empecé a explorar mi mundo emocional, descubriendo partes de mí que había mantenido ocultas e ignoradas durante mucho tiempo. Me di cuenta de que llevaba dentro creencias que se habían formado en mi infancia, heridas abiertas, y máscaras que había adoptado para sobrevivir en un mundo que me exigía ser fuerte. Los talleres dieron paso a formaciones y másters, cada uno de ellos me llevó a profundizar más en mi interior, revelando patrones de comportamiento que no me servían, y que, en muchos casos, me estaban haciendo daño. Reconocí que, durante años, había estado escondiendo mis verdaderas emociones, cubriéndose con capas de control y perfección. Este proceso no fue fácil; al contrario, fue doloroso y desafiante, pero también liberador.
Este fue el punto de inflexión que necesitaba, y desde entonces, mi vida comenzó a transformarse de maneras que nunca había imaginado.
A medida que avanzaba en este viaje de autoconocimiento, fui aprendiendo muchas herramientas y técnicas. Algunas resonaron profundamente conmigo y las integré en mi vida diaria, mientras que otras no encajaron tanto y las dejé marchar. Sin embargo, cada una de estas experiencias fue valiosa, porque me permitió entender mejor y seguir avanzando en mi camino.
Curiosamente, todas las formaciones, talleres y másters que realicé en ese tiempo estaban orientados a formar terapeutas, aunque mi intención nunca fue esa. Yo solo quería profundizar en mi ,entender mi caos interior y encontrar una forma de vivir en paz conmigo misma.
Sin embargo, a pesar de todos los avances que estaba logrando a nivel personal, una incoherencia persistía: mi trabajo como responsable de ventas en la multinacional donde llevaba años. Era una posición importante y segura, pero algo dentro de mí sabía que no era donde realmente quería estar. La vida, en su sabiduría, me puso a prueba de una manera que nunca hubiera esperado. Un día, caí enferma con síntomas de ictus. Pasé mucho miedo. En medio de ese miedo e incertidumbre, algo dentro de mí decidió confiar. A pesar de no tener todas las respuestas, di el salto, me lancé al vacío, dejando atrás la seguridad que había conocido durante tantos años. Y al hacerlo, descubrí que ese salto no era hacia el vacío, sino hacia mí misma. Ahí, en esa caída libre, encontré mi mayor tesoro:
La coherencia entre lo que soy y lo que quiero ser, la conexión con mi auténtica valía, y el despertar de un Amor Propio que había estado oculto.
La vida comenzó a traer cambios, cambios reales y profundos y ahí en mitad de un océano tomé la decisión de acompañar a los demás, con toda mi formación y sobretodo mi experiencia ahí nació : mi técnica vitamina. Con ella he realizado más de 1200 sesiones individuales y casi 600 talleres grupales.
Descubre mi Técnica Vitamina
La vida nos presenta desafíos que a menudo nos hacen cuestionar nuestro propósito y la dirección en la que estamos avanzando. Mi propia experiencia me llevó a una transformación profunda, una que nunca habría imaginado al iniciar mi viaje interior. Hoy, con más de 1200 sesiones individuales y casi 600 talleres grupales a mis espaldas, he perfeccionado la Técnica Vitamina como una herramienta poderosa para aquellos que buscan una verdadera conexión con su ser.
La Técnica Vitamina no es solo una terapia; es un viaje hacia el descubrimiento de tu auténtica valía, hacia la coherencia entre lo que eres y lo que realmente quieres ser. Es una invitación a vivir una vida en plenitud, donde cada día se convierte en una oportunidad para reconectar con tu Amor Propio y extenderlo a todas las áreas de tu vida.
Si te resuena lo que has leído, te invito a dar el primer paso en tu propio viaje de transformación. La Técnica Vitamina está aquí para acompañarte, con sesiones individuales a través de Zoom o presenciales, adaptadas a tus necesidades y un soporte continuo para que no camines solo en este proceso.
Estoy aquí para ti.
Mas información y cita previa en info@laurapoveda.com.